Mi vecino hipocondriaco

Hace unos años tuve que pasar unos cuantos días en el hospital por una intervención en la pierna. Era una cosa bastante sencilla pero tuve que estar  encamado casi una semana. Y no lo llevo bien lo de estar recluido en un hospital, como cualquiera ¿no?

Una de las cosas en las que no había pensado nada de nada antes de llegar al hospital era en el compañero de habitación. Estaba preocupado por el quirófano, porque no hubiera problemas durante la operación… lo típico. Pero después de esta experiencia he sacado algunas conclusiones: importa tanto el cirujano como el paciente que te coloquen al lado en la habitación.

Es verdad que estoy exagerando pero lo mío fue mala suerte, como mínimo. Llevaba un día solo en la habitación cuando aterrizó aquel individuo. Nada más llegar me empezó a exponer con pelos y señales todo acerca de su operación de hernia. No callaba. Yo no soy de muchas palabras, me gusta estar a lo mío, aunque es cierto que en ese contexto te sientes un poco más solo y con ganas de hablar de esto y de lo otro. Pero mi vecino era el no va más.

Y todo se complicó cuando empezó a hablar de cancer ano síntomas. Su tema fetiche eran las enfermedades y, particularmente, el cáncer. Yo soy un poco la antítesis de la hipocondría: debería preocuparme más porque siempre me digo “no será nada” y no siempre tengo razón… Pues este señor era el polo opuesto. Allí estaba ingresado por una hernia, pero decía que le iban a hacer pruebas porque tenía varios síntomas de enfermedades graves… y raras.

Yo creo que se inventaba algunas. Decía que era un gran lector de publicaciones médicas porque había estudiado un par de años de medicina, pero luego lo dejó para dedicarse a viajar… o algo así. Mientras yo intentaba leer el periódico o simplemente escuchar el silencio mi vecino hipocondríaco me exponía los miles cancer ano síntomas que tenía.

Pero aprendí bastante con él y hasta le terminé cogiendo cariño. Un buen día desapareció y me pusieron a un compañero normal, poco hablador y yo pregunté a la enfermera: ¿a dónde se fue mi querido hipocondriaco?