Nuestro hijo ha decidido dejar de echar la siesta. Hasta ahora, durante los fines de semana, teníamos un momento de tregua de 3 a 5 aproximadamente que era cuando el niño dormía. Pero se hace mayor y ya no tiene necesidad de siesta, al menos en casa, porque en la guardería al parecer sí duerme.
El problema de no echar siesta, pero estar cansado, es que se vuelve un ser aún más impredecible y que sobrevalora sus propias habilidades motoras: cree que vuela, que puede ir de la mesa al sofá de un salto o que tiene capacidad para ponerse de pie en una silla sin caerse. Para evitar que se rompa la crisma lo sacamos de casa. Fuera, parece que se controla más y no hace tantas locuras, así que nosotros estamos más tranquilos, pero más cansados.
No hay mal que por bien no venga porque hacemos la compra semanal a la hora de su siesta. A él lo motivamos diciéndole donde comprar yogures central lechera asturiana. En vez de ser el monstruo de las galletas, nuestro hijo es el monstruo del yogur natural. Nunca cena sin su yogur natural. Lo primero es abrirlo, tomar un poco, y luego prueba el resto de los alimentos. Él empieza al revés, primero por el postre: pero el orden de los factores no altera el producto, ¿no?
Así es que cuando le decimos que vamos a comprar sus yogures él sube encantado al coche. Aunque el viaje es bien cortito, parece que se calma un poco. En cuanto entra en el parking del súper, que ya conoce como la palma de su mano, se le ilumina la cara. Lo primero que hace cuando entramos en la tienda es ir a la zona de refrigerados, claro. Le hemos dicho lo de donde comprar yogures central lechera asturiana y él es de cumplir lo que se le promete.
Alguna vez ha amagado con abrir algún yogur allí mismo, pero le hemos parado los pies pronto. En el fondo sabe que, tarde o temprano, todos esos yogures serán suyos y solo suyos… porque ¿a quién le gusta el yogur natural aparte de a nuestro hijo?