Unos dicen que me aburro mucho, pero es que siento curiosidad por tantos temas que necesitaría dos o tres vidas para ocuparme de todo. Algo tan aparentemente intrascendente como una persiana a mí me merece mucha más atención. Por ejemplo, ¿por qué se llaman persianas? ¿Cuántas personas se habrán parado a pensar que el término persiana deriva de persa, de Persia? Pues así es.
Una vez que entendemos su etimología, nos resulta más fácil entender por qué las venecianas se llaman así. Y si buscamos alicantinas baratas ya sospecharemos que esas persianas tendrán algo que ver con Alicante. Muchos dicen que todos esos conocimientos son poco prácticos indicándome que lo mejor que puedo hacer es ir a uno de esos programas tipo Saber y Ganar. Pero, para mi desgracia, no estoy al nivel de esos lumbreras. Tan solo sé cuatro cosas.
Y por qué tanto interés en las persianas. Porque llevo toda mi vida un poco peleado con ellas. Siempre he pensado que fallan demasiado, pero es también porque no conocía otra cosa. Y depende de cada persiana… y cada persianista. Dicen que no sabes realmente lo que tienes hasta que lo pierdes. Algo así me ha pasado con este tema.
Cuando me cambié de casa y llegué a una nueva sin persianas, así de primeras no me pareció del todo mal. Estaba un poco cansado de las persianas y me apetecía entrar en el mundo de los estores. Además, también estaba un poco harto de vivir encerrado. Había pasado un tiempo fuera de España y en muchos otros lugares no saben nada de las persianas: no tienen tanto reparo a que les vean los vecinos… hasta cierto punto.
Pero tras un mes sin persianas, ya tuve que ponerme a buscar alicantinas baratas y hablar con el dueño del piso para ver qué podíamos hacer. Que no me importa que los vecinos me vean leyendo el periódico o viendo una película, pero sí que importa cocerme en verano. Las persianas son un excelente medio para evitar el calor externo, y eso en la antigua Persia ya lo sabían muy bien.