Paso un montón de horas al día pegado a un ratón y a un teclado. En mi trabajo tengo que escribir mucho y la calidad de estos aparatos es fundamental. Pero a menudo suelen minusvalorarse porque son productos baratos en comparación con otros, como el propio ordenador. Sin embargo, al final del día, y en casos como el mío que tengo que escribir tanto, un buen teclado puede marcar la diferencia entre un trabajo bien hecho o un desastre.
Durante muchos años trabajé con un portátil. Ahora me cuesta entender cómo pasé tanto tiempo con una pantalla y un teclado tan pequeño. Pero curiosamente, en la actualidad todavía echo de menos ese teclado. Cuando compré un PC pasé mucho tiempo buscando Teclados y ratones. Era consciente de la importancia que tenían esos periféricos en mi trabajo.
Sobre el ratón no hay mucho que decir. La diferencia entre uno malo y uno bueno es fácil de detectar. He tenido ratones malísimos que eran imposibles de calibrar. Porque el calibrado de un ratón es muy importante. A unos nos gusta que vaya más rápido y a otros más suave. Se nota rápidamente cuando coges el ordenador de otra persona y notas que el ratón se mueve ‘raro’: es porque está calibrado de otra manera, pero eso no quiere decir que sea malo.
Últimamente la mayoría de los ratones son inalámbricos. Cuantos menos cables estén pululando por la mesa de trabajo, mejor. Sin embargo, yo fui uno de los últimos en pasarme a esta clase de ratones porque estaba muy acostumbrado a mi viejo ratón de cable. No hay que ser tan conservador como yo porque al final es el trabajo el que sale perjudicado.
Cuando busqué Teclados y ratones de cara a comprar mi nuevo PC, cometí el error de comprar un teclado de oferta. Aunque era una marca reconocida era demasiado barato. Pero me dije que ya compraría otro más adelante. Pues es el teclado con el que estoy escribiendo estas palabras. Y estoy harto de él. Tiene un tacto durísimo y me cuesta bastante escribir rápido. Ha llegado el momento de buscar otro teclado.