Carta de temporada y carta fija

La mayoría de los restaurantes que ofrecen comida a diario tienen en sus cartas una parte que es fija, con platos que se cocinan durante todo el año y otra que está formada por platos de temporada. Los platos de temporada son aquellos que se ofrecen solo durante el invierno o el verano y puede ser así por dos motivos.

El primero, que sean comidas que apetecen más en un momento puntual, por ejemplo, salpicones y platos fríos específicos del verano y caldos y sopas calientes que entran mucho mejor en invierno. En este caso, los ingredientes del plato tienen poco peso y es más bien la preparación lo que influye en el momento en el que se preparan o no estas comidas.

El segundo de los motivos es la disponibilidad de la materia prima. Hay pescados y verduras que solo están disponibles en momentos concretos del año y que, por tanto, no es posible ofrecer frescos siempre. Pero algunos de estos productos tienen una gran demanda, por lo que sería ideal que pudieran estar en la parte permanente de la carta.

Y una manera de conseguirlo es mediante el uso de productos congelados, como el salmon y trucha congelados para hosteleria. Son artículos de gran calidad que garantizan la satisfacción del cliente y que permiten que se pueda contar con una parte fija de la carta mucho más amplia y mucho más variada. Y, lo que es también muy importante, a precios estables.

Para el cliente, esto repercute en una carta muy variada, a buen precio y saboreando productos de una gran calidad. Para el restaurante, en una mayor oferta que atraerá a más clientes y en poder planificar las cartas a largo plazo, sabiendo que se va a contar siempre con los ingredientes necesarios para la realización de los platos.

Además, el restaurante podrá realiza compras para una temporada, sin tener que estar pendiente de qué va a haber o no en la plaza y pudiendo disponer de más unidades en el caso de que un día se vendan más raciones de las pensadas. Una tranquilidad ya que solo habrá que sacar más producto del congelador para tenerlo a punto para las cenas, por ejemplo, sin miedo a que hay que tachar productos de la carta, lo que siempre es una frustración para quién acude a comer y se había hecho a la idea de algo en concreto.

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