Las Cíes, un paraíso con entrada limitada

Las Islas Cíes son uno de los pocos rincones casi vírgenes en nuestro país. Al tratarse de unas islas de pequeño tamaño que no están habitadas de forma permanente, se ha conseguido preservar su fauna y su flora y su apariencia sigue siendo la de siempre. No obstante, su belleza atrae a miles de personas que quieren visitar este idílico lugar.

Las autoridades son conscientes de que permitir que todo aquel que lo desee pueda acudir a las islas, supondría fácilmente la destrucción de su ecosistema. No se trata solo de la gente que pueda ir en barco a visitar las islas durante el día, sino de todos los barcos privados que podrían anclar frente a sus costas para disfrutar del paisaje y de una tranquilidad que, más pronto que tarde, desaparecería.

Para evitar todo esto, el acceso a las islas está controlado por la Xunta de Galicia, que permite la entrada de un número de personas al día limitado. Para poder acceder, es imprescindible contar con la autorizacion illas atlanticas xunta que se solicita por Internet. Solo con este permiso puede cogerse el barco para hacer una visita a las islas. Y solo un número concreto de personas al día pueden obtener la autorización.

Por eso, en las fechas más señaladas, como son las de los meses de julio y agosto, las autorizaciones hay que solicitarlas con mucha antelación porque vuelan. Incluso se reserva de un año para otro por parte de gente que acude a veranear en la zona y que no quieren perderse la oportunidad de volver a las islas.

Además de los visitantes del día, pueden acudir a las islas aquellos que se alojan en el camping, también con plazas limitadas. Y, por supuesto, todos los que acudan a las Cíes deben de cumplir con las normas respecto a la conservación del ambiente. Como en todas partes, pero de forma muy especial en este espacio protegido, está absolutamente prohibido el tirar basura o el contaminar tanto por tierra como por mar.

Por este último motivo, está prohibido que los yates y veleros particulares puedan acercarse a las islas, evitando así que estas se vean contaminadas por los barcos tal y como ha sucedido en otras calas que, tras hacerse famosas por sus paisajes idílicos, se vieron dañadas por un exceso de visitantes. Quienes quieren disfrutar de las islas en sus barcos particulares deben de hacerlo a distancia.

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