Por supuesto que cada persona hace con su dinero lo que le place, pero es cierto que hay determinadas aficiones que son mejor comprendidas que otras. Que una persona se gasta un dineral en un coche suele ser algo bien entendido. Ante todo, es que tiene dinero para pagarlo (que no siempre pasa), pero después considera que ese coche es una inversión adecuada, por ejemplo, si lo va a usar mucho para trabajar y/o viajar. Sin embargo, si hablamos de comprar un reloj caro, ya no se suele entender tan bien. “Pero, ¿un reloj para qué sirve?” podemos preguntar.
Porque si todos llevamos móvil, para qué sirve un reloj, para qué buscar un Rolex Vigo, con lo que cuestan, si el móvil ya da la hora. Pero, amigos, un reloj es algo mucho más que “dar la hora”. Casi desde el principio de los relojes de pulsera este elemento se convirtió rápidamente en algo más que un instrumento práctico para saber qué hora es. Desde luego que, al principio, fue todo un descubrimiento. De los relojes de bolsillo que debías sacar del mismo para ver a la hora a tan solo un giro de muñeca. Y fue así como, en no mucho tiempo, los relojes de pulsera convirtieron los de bolsillo en reliquias del pasado.
Pero no para todo el mundo, los fanáticos del reloj aún tienen en su colección relojes de bolsillo. Y aunque solo los ponemos en ocasiones muy especiales (y todo el mundo nos mira extrañados) sigue siendo un objeto de culto, como un buen coche de época para los fanáticos del motor. Pero si se trata de relojes de pulsera, hay un puñado de marcas que nos emocionan. Y por eso yo sigo atento al mercado por si aparece un Rolex Vigo a tiro.
No voy a ser yo quien niegue que son productos caros, pero el valor de un producto también se mide en la inversión que representa y la satisfacción que ofrece a su comprador. Y yo entiendo perfectamente que un fan del motor se entusiasme con un deportivo como yo me fascino ante un reloj de diseño. No son caprichos, son aficiones.