Gana metros a tu hogar y aprovecha al máximo tus espacios exteriores

Mi terraza siempre ha sido mi rincón favorito de la casa, un lugar donde tomar un café mientras miro el cielo de Rianxo o donde charlar con amigos bajo las estrellas. Pero, admito que, durante buena parte del año, la dejaba abandonada, víctima de la lluvia gallega o del viento que parecía querer llevarse mis macetas volando. Fue entonces cuando decidí que era hora de sacarle partido a ese espacio, y ahí entró en juego la magia de los cerramientos en Rianxo. Convertir mi terraza en una extensión de mi hogar no solo me dio metros extra, sino que transformó un espacio subutilizado en un oasis luminoso que ahora uso todo el año, llueva, truene o haga un sol de justicia.

Un cerramiento no es solo poner cuatro paredes de cristal y llamarlo día; es como darle a tu casa un superpoder. En mi caso, quería algo que mantuviera la luz natural que tanto me gusta, pero que también protegiera mi terraza del clima impredecible de Galicia. Los expertos en Rianxo me mostraron opciones que iban desde cerramientos de vidrio templado hasta paneles correderos que parecían sacados de una revista de diseño. Opté por un sistema de vidrio sin marco, que deja entrar la luz como si no hubiera nada entre mi terraza y el cielo, pero que mantiene el viento y la lluvia a raya. Ahora, mi terraza es como un invernadero chic donde mis plantas prosperan y yo puedo leer un libro sin preocuparme por mojarme.

La versatilidad de un cerramiento es algo que no deja de sorprenderme. Antes, mi terraza era un espacio de usar y tirar: genial en verano, pero inútil en invierno. Con el cerramiento, se ha convertido en una habitación más de la casa. La uso como despacho improvisado cuando necesito un cambio de escenario, como comedor al aire libre para cenas con amigos, o incluso como un rincón tranquilo para practicar yoga mientras miro el amanecer. Los paneles correderos me dan la flexibilidad de abrir el espacio cuando quiero sentir la brisa o cerrarlo por completo cuando el tiempo se pone rebelde. Además, el vidrio es tan discreto que no siento que he perdido la conexión con el exterior; es como tener lo mejor de ambos mundos.

La seguridad y la estética también son clave. Los cerramientos modernos están diseñados para ser robustos, con materiales que resisten el paso del tiempo y el embate del clima costero. En Rianxo, donde la sal del mar puede ser un enemigo silencioso, los técnicos me aseguraron que el aluminio y el vidrio que usaron eran resistentes a la corrosión, lo que significa que mi terraza seguirá luciendo impecable durante años. También me sorprendió lo bien que el cerramiento se integró con el estilo de mi casa; en lugar de parecer una adición forzada, se siente como si siempre hubiera estado ahí. Y, hablando de beneficios prácticos, el aislamiento térmico es un plus: mi casa se mantiene más cálida en invierno y más fresca en verano, lo que es un guiño amistoso a mi factura de electricidad.

Transformar mi terraza con cerramientos en Rianxo fue como descubrir un tesoro escondido en mi propia casa. Ahora, cada vez que paso tiempo en ese espacio, siento que he ganado no solo metros cuadrados, sino también momentos de alegría, tranquilidad y conexión con mi hogar. Es un recordatorio de que, con un poco de ingenio, cualquier rincón puede convertirse en el lugar favorito de tu casa.