Vivo en una urbanización muy familiar, tan familiar que a veces parece una secta. Por suerte no me queda mucho tiempo por vivir aquí, pero, de momento, trato de adaptarme. Casi todo el mundo tiene aquí el mismo perfil: padres trabajadores con uno o varios hijos, con uno o varios coches y con uno o varios perros. Nosotros también tenemos un hijo y hasta un coche, pero, de momento, estamos sin canes en casa. Por eso me sorprendió cuando empecé a ver por aquí a un chico soltero y con un perfil muy diferente al que se ve por aquí… más alternativo.
Un día esperando al ascensor empezamos a hablar y surgió el tema de la música. Él me había visto con algunas camisetas de grupos y yo a él también. Y entonces me invitó un día a pasar por su casa para ver su colección de vinilos. ¡Y menuda colección! Impresionante. Dice que siempre que cambia de casa se lleva su chaqueta de ante y su colección de discos. Y tenía razón porque a la casa, cuando fui por primera vez, le faltaban muchas cosas…
Me dijo que había encontrado un trabajo en el barrio y que decidió venirse del centro aquí para estar más cerca… a pesar de ser un barrio diferente al suyo. Su casa todavía estaba a medio llenar. ¡No tenía sofá en el salón! Pero sí tenía un panel japones muy bonito. Luego supe que él era muy aficionado a la cultura japonesa.
Como no conocía más gente en el edificio, le ayudé a ir decorando un poco la casa. Lo que más nos costó fue subir el sofá que el hombre compró de segunda mano. De no tener sofá a uno enorme con chaiselongue y todo. Es que ni tenía televisor al principio. Nunca había pasado mucho tiempo en casa, pero en este barrio no hay mucho qué hacer, él ya lo sabe, así que se compró un televisor también. A cambio él me recomendó un sitio donde comprar panel japonés y me ayuda a cambiar mis antiguos y aburridos estores. Y de vez en cuando intercambiamos vinilos… y nos reímos de la “secta”.