Las mascarillas han llegado para quedarse durante mucho tiempo y por eso cada vez son más las personas que optan por crear sus propios modelos en tela. Esto les permite reciclar telas de camisetas de algodón que ya no usan y, a la vez, tener tantas como necesiten para variar y lavar todas juntas. Y es que hacer una mascarilla en casa es muy sencillo y no tienen complicación alguna.
Solo necesitas tela de algodón, papel de horno para el filtro, hilo y goma elastica redonda. Si dispones de una máquina de coser el trabajo será muy rápido pero incluso sin ella también puedes hacer tus mascarillas y que queden muy bonitas.
Lo primero que tienes que decidir es qué estilo de mascarillas prefieres. Las plegables tienen la ventaja de que se adaptan muy bien a todos los rostros y permiten la entrada de aire por los laterales. Las mascarillas más elevadas por la zona de la nariz y con forma más anatómica son mucho más bonitas y para muchas personas más cómodas porque no molestan en los ojos.
Si no tienes claro qué modelo es mejor, siempre puedes coser uno de cara y probar antes de continuar trabajando con ellas. De ambos modelos puedes descargar plantillas en Internet en diferentes tamaños, para niños y adultos. Descarga el modelo, recórtalo en papel y pruebalo sobre la cara para saber si es tu talla.
Una vez que tienes la plantilla, corta la tela. Recuerda que las mascarillas deben de tener dos capas para poder poner un filtro entre medias y resultar mas seguras. La capa interior puede ser ligeramente más pequeña que la exterior para hacer el borde hacia adentro. También es importante que dejes una abertura, generalmente en un lado, para poder introducir y retirar los filtros.
Cose la mascarilla y coloca las gomas a los lados de modo que lleguen a tus orejas con comodidad y no te aprieten. Una vez cosida la mascarilla, recorta el filtro del papel de horno o de una tela sin tejer. Lava la mascarilla y una vez seca introduce el filtro. Estos filtros de papel de horno o tela resisten hasta cinco lavados.
Cada día debes de lavar tu mascarilla con agua con unas gotas de lejía diluida dejándola un buen rato a remojo o con un producto desinfectante adecuado. El agua debe de estar muy caliente, a más de 60 grados. Así, estarás protegido y protegerás a los demás.