La elección del revestimiento de un inmueble afecta no sólo a su valor estético, sino también a su durabilidad, eficiencia energética y aislamiento acústico. Para la ‘piel’ de la edificación, son populares las lajas de pizarra, los azulejos porcelánicos, el hormigón prefabricado o los aplacados de piedra artificial decorativa.
En concreto, esta última solución permite revestir la fachada con una reproducción de piedra natural, sin las debilidades de este material. Su ligereza facilita la instalación, al tiempo que su resistencia garantiza una larga vida útil. Además, en los aplacados no se acumula el moho.
Por su parte, los revestimientos de porcelánico se distinguen por un acabado pulido y uniforme, con niveles de resistencia al desgaste que previenen su deterioro con el paso del tiempo y su exposición a las inclemencias meteorológicas. Su baja porosidad agiliza las tareas de limpieza y de mantenimiento. A diferencia de otros materiales, los azulejos porcelánicos pueden utilizarse con éxito en interiores.
Conseguir un resultado más orgánico y natural es posible con el empleo de losas y lajas de piedra natural. Estas se comercializan en formato irregular y dan lugar a fachadas de estilo rústico y campestre. Entre sus beneficios, destacan la dureza y aislamiento térmico y acústico de estos productos, disponibles a precios competitivos.
De todos los materiales ecológicos, la madera sigue gozando de popularidad. En particular, la de castaño, alerce y maderas tropicales son aptas para el revestimiento exterior de viviendas. Con la aplicación de pinturas, barnices y otros tratamientos, se reduce el riesgo de que los hongos, los insectos o la radiación solar hagan mella en esta superficie orgánica.
Respecto al hormigón prefabricado, esta solución presenta multitud de ventajas que justifican su inclusión en cualquier ranking de materiales para revestir fachadas: durabilidad, instalación fácil y rápida, escasez de mantenimiento o coste asequible, entre otros.