A la solemnidad, el confort o el estilo de la ropa de comunion se le concede una gran importancia, pero esta inversión —que de media cuesta unos trescientos euros por persona— también debe hacerse considerando la edad del interesado. Y es que los gustos y necesidades de un adolescente no coinciden con los de un niño de diez años o un bebé, lógicamente.
A la hora de elegir la indumentaria de Primera Comunión, es indispensable formularse estas preguntas: ¿se ajusta a la edad del comulgante o del invitado en cuestión?, ¿se avergonzará luciendo este traje o vestido?
Los adolescentes, por un lado, son el grupo que representa un menor desafío, pues sus trajes y vestidos son similares a los utilizados por los adultos, salvando las distancias. Como sus mayores, los jóvenes están influidos por la moda y preferirán las prendas del momento frente a las tradicionales. Es importante conciliar sus gustos personales con el carácter sacro y ceremonioso de una comunión.
Entre los seis y los diez años, los menores han dado un fuerte estirón, pero aún se sienten cómodos con los clásicos trajes de almirante y marinero o el traje chaqué, que también es apto para los pequeños invitados. A las niñas, en cambio, les suelen entusiasmar los vestidos en tonos blanco o rosa pastel, así como prendas más casuales, como las chaquetas cortas.
Los infantes de hasta cinco años no prestan atención a la estética de su ropa y sí a la comodidad. Idealmente, el corte y la tela elegida deben ser holgadas, suaves y permisivas en cuanto a la movilidad. Lo anterior no significa que deban vestir prendas casuales: el confort no está reñido con la elegancia.
Para los bebés y menores de dos años, las ropitas típicas de esta edad (ranitas, jesusines, etcétera) son apropiadas, sobre todo en tonos cálidos como el rosa o el azul pastel.