El auge de los aparcamientos de bajo coste coincide con el aumento de las restricciones a la circulación y el encarecimiento de los garajes y parkings tradicionales. Estas plazas abundan cada vez más en las estaciones de transporte público y en la periferia de centros urbanos. Sus ventajas van más allá del precio, pero sus contras no son pequeñeces y deben considerarse al elegir un parking Santiago low cost o cualquier otro municipio.
El beneficio obvio de los aparcamientos low cost es su asequibilidad. Aparcar en ellos requiere un gasto inferior a otras opciones porque carece de servicios adicionales y su ubicación es menos céntrica. La «guerra» de precios también explica unas bajas tarifas, dada la competencia existente en el sector del aparcamiento en España.
Otros incentivos de este tipo de parkings incluyen la posibilidad de contratar un traslado shuttle o el fácil acceso a las líneas de metro y de ferrocarril. Se sitúan en posiciones estratégicas para que el cliente pueda alcanzar otros destinos más céntricos con medios de transporte alternativos.
Respecto a sus desventajas, la opción más económica del sector del parking consigue sus tarifas con unas instalaciones y terrenos de menor calidad. La ausencia de cubiertas, de un mantenimiento constante e incluso de asfalto restan atractivo a estos aparcamientos.
La seguridad es otra cuenta pendiente del estacionamiento low cost. El recorte en medidas de protección y vigilancia aumenta la vulnerabilidad del vehículo, que en teoría permanece más expuesto al vandalismo, los robos y otras amenazas. En caso de incidencia, la atención al cliente suele ser deficiente, pues el personal de la empresa responsable no dispone de medios suficientes.
Por último, la distancia es otro hándicap asociado a este tipo de aparcamientos. Son plazas baratas y con una disponibilidad aceptable, pero obligan al usuario a depender del transporte público para llegar a su destino.