Siempre he pensado que la piel es el mapa de nuestra vida. Cicatrices, arrugas, lunares… cada marca cuenta una historia. Desde que terminé mis estudios, mi objetivo era claro: quería dedicarme a la dermatología, esa especialidad fascinante que combina la precisión de la medicina interna con la destreza del cirujano. Y ese sueño, finalmente, ha echado raíces, al cruzar por primera vez las puertas de mi nuevo lugar de trabajo, una clínica de dermatologia medica y quirurgica en Vigo.
Mi primer día fue un torbellino de emociones y aprendizaje. Acostumbrada a los pasillos impersonales del hospital durante las prácticas, entrar en esta clínica fue como respirar un aire diferente. La luz que se cuela por los ventanales, con vistas a la Ría, parece calmar hasta al paciente más nervioso. Aquí, el ritmo es intenso pero ordenado, y cada miembro del equipo, desde recepción hasta el cirujano más experimentado, se mueve con una profesionalidad que inspira una confianza inmediata.
Lo que más me ha impresionado en estas primeras semanas es la dualidad de la especialidad. Por la mañana, puedo estar asistiendo en la extirpación de un carcinoma basocelular, un procedimiento quirúrgico que requiere una concentración y una precisión milimétricas, sintiendo el peso y la responsabilidad de estar eliminando una enfermedad. Por la tarde, mi consulta se llena de casos de acné severo en adolescentes, psoriasis que afecta la calidad de vida de un adulto o la preocupación de una madre por el eccema de su bebé.
Cada paciente es un mundo, un nuevo reto diagnóstico y, sobre todo, una oportunidad para ayudar. En Vigo, he descubierto una población que valora su salud cutánea, consciente de la importancia de la prevención en una tierra de sol y playa. Aprender de mis compañeros, que manejan el dermatoscopio con la naturalidad de quien lee un libro abierto y explican las pautas con una cercanía y empatía admirables, es el mejor máster que podría haber imaginado.
Estos primeros días son solo el prólogo de mi carrera. Aún me queda un universo por descubrir bajo la superficie de la piel, pero sé que estoy en el lugar correcto. En esta clínica viguesa, entre batas blancas, tecnología de vanguardia y el trato humano, he encontrado mi vocación y mi lugar.